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- Wolf Pack's Stuff -

El lugar de las locuras de Juu :)

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Siguiendo con los escritos...
go!
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 Para variar entre las diversas manifestaciones artísticas, y mientras mi Disco Duro Externo respalda "my precious" material descargado de la webbb (anime, música y etc) y escucho el nacionalismo de Isaac Albéniz, sigo publicando los Drabbles Slayeros que había prometido. 

PD: Hay muchas cosas que me gustaría corregir de estos fics, pero la idea es presentar el escrito original. 

Disclaimer: los pjes no son míos excepto la idea y todo el rollo ése.

AU, X/F.


RUTINA
 

Una noche más. Un gala de caridad más.

Zeros ya se había habituado a ese sistema. Una rutina que, por cierto, le traía buenísimas rentas.

Obviamente él no iba por caridad. Sus intereses radicaban netamente en agregar el contingente femenino conquistado cada noche a su block de notas o su contador Axe. Lo que trajera a mano.

Él era un hombre inteligente y atractivo, algo que las féminas agradecían al conocerle.

Y que confirmaban a la hora de llevarlas a la cama.

Así consiguió a muchas clientas que, por cierto, quedaban muy satisfechas.

Trabajaba en un bufete de abogados de la firma Metal&Stone, integrado por la mayoría de sus compañeros de universidad, entre ellos Zelgadiss Graywords, una amargado aguafiestas puritano que le reprochaba continuamente su carácter lujurioso y promiscuo; Milgazia Kataart, que era "filete del mismo corte", y el socio más importante, el magistrado Phileonel Will Tesla, fundador de la firma, quien era de mente mucho más abierta y se preocupaba sólo de su trabajo y no de la maraña de comentarios que rodeaban a sus protegidos.

Si bien Zeros se había creado varios detractores en el camino, ellos no podían criticar nada que compitiera su trabajo. Según los mismos comentarios de sus conquistas, lo hacía tan bien como "aquello".

Y él había aprendido a respetar la palabra de una dama.

Las galas de caridad le reportaban más ligues que cualquier otra actividad de esa índole. Era un sujeto selectivo, y escogía (y cogía) con pinzas el producto que deseaba servirse.

Para ello, hacía gala de sus mejores trajes. En esta ocasión: terno negro listado, camisa burdeo y corbata negra. Un verdadero gángster. Ninguna arruga.

Y pendiendo de su cuello, como la estola de un sacerdote (algo que autorefería con particular ironía), su amuleto de la buena suerte.
Una larga banda de terciopelo negro.

La había acompañado desde la facu. Eran inseparables. Le debía tanto como a sus propios méritos el éxito de su “sacrificada” campaña.

La gala de esta noche contemplaba una subasta para recolectar fondos en ayuda de niños con enfermedades terminales.
Zeros miró su reflejo en el espejo oval ubicado a la entrada del Teatro Municipal de Sailoon. Se arregló la corbata y alejó unos mechones rebeldes de su púrpura melena que entorpecían el campo de sus pupilas amatistas. Altanero, ingresó al salón principal y, como un tigre que acecha a su presa, recorrió con la mirada la estancia en busca de posibles alternativas, al mismo tiempo que se servía una copa de pisco sour que le ofreció un alto, rubio y muy torpe camarero.

En un vistazo rápido, cuatro chicas le interesaron:

Una pelirroja bajita en un precioso vestido rosa. Desechó la idea al advertir cómo se hacía una bola de fuego al verse cubierta del licor por el torpe camarero rubio. Además, tenía poco pecho y pocas curvas. No.

Una muchacha un poco mayor, cabellos turquesa encrespados, con un ajustadísimo vestido azul escotado que realzaba sus atributos naturales. Hubo un fugaz intercambio de miradas. Pero se fue con el primer hombre que se lo propuso. La pobre estaba desesperada.

Tampoco.

Cerca de un par de vejetes, una chica de cabello oscuro muy largo conversaba con el ahora maltrecho camarero rubio y torpe. Era hermosa y parecía más centrada, y notó su vestimenta un poco más recatada que las otras mujeres. Era virgen. Se frotó las manos en el contento, hasta que observó el particular brillo en sus grandes ojos verdes. Estaba enamorada del idiota. Zeros suspiró y canceló la posibilidad.

También estaba la hija de su jefe, bajita y con una delantera muy bien dotada para su edad. Pero era muy joven para él, sería más complicado. Su hermana era mucho mayor y tan alta como él, y tenía tan buena delantera que si jugara fútbol ningún arquero podría hacerle frente. Sin embargo, tenía la cabeza tan hueca como enorme sus... dones.

Cuando parecía quedar sin opciones e iba en el cuarto sour, la divisó. Una muchacha de larga melena rubia atada en un complicado y ajustado moño, ataviada en un hermosísimo vestido violeta de pabilos, un poco más arriba de la rodilla, y con una banda de terciopelo púrpura que cubría su delicado cuello como una bufanda. Inconscientemente, Zeros se acarició la banda aterciopelada y se acercó a la rubia.

- ¿Qué hace una mujer como tú, tan bella y jovial, en una gala de vejetes adinerados como ésta? – Zeros tomó la delantera.

- ¿No piensas acaso que vengo por los niños? ¿Porque quiero ayudarlos? – sonrió la chica al aprobar con la mirada a su nuevo compañero de charla.

- No digo eso. Es sólo que tu leit motive podría ser... otro – sonrió el abogado Metallium mientras le acercaba una copa de martini a su interlocutora.

- Me queda claro que no es el tuyo, por lo menos – la rubia, le miró, divertida al ver su expresión contrariada.

- Zeros Metallium, abogado – se apresuró en hacer una reverencia y se inclinó para besarle la mano – el gusto es mío, señorita...

- Ul Copt, Filia Ul Copt, reportera del Seyruun Post, el gusto es tuyo, sí. Y detesto a los abogados.

Su franqueza no le desanimó.

- Pues me encargaré de cambiar tu concepto esta noche

Zeros sonrió mientras su mente filtraba los movimientos que haría, sin dejar de frotar su amuleto cuando ella no se daba cuenta. Le encantaban las periodistas.

Dio un ¡click! al contador que llevaba en el bolsillo y subieron al 2° piso charlando.

No sería fácil, pero al menos el primer paso ya se había librado.
 
 
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Nos leemos pronto.


 
-Juu- 

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